Ajuste fiscal y los cambios que deberían venir
16.02.12

El autor es Licenciado en Economía y desde mayo del 2005 dirige SJM Consultora Económica, especializándose en el asesoramiento empresarial, dictado de cursos, conferencias y seminarios de capacitación

Por Lic. Sergio Mantoni

En Argentina por el dolor que ocasiona el recuerdo, nos vemos impedidos de una discusión interesante que puede contribuir a la salud de la economía de largo plazo. ¿Los ajustes sirven o no sirven? ¿son buenos o malos? Es difícil hacer pie con estas respuestas, pero lo primero que hay que decir es que hay ajustes exitosos y otros improductivos. O sea, hay ajustes que sirven y otros que no. Los que logran restituir la confianza, potenciar la inversión, bajar los spreads de riesgo y finalmente, más de largo plazo, contribuir al ciclo de expansión económica, son definitivamente productivos. Estos, generalmente, se implementan dentro de una onda económica positiva y larga, como lo hizo Brasil en la última década.
 
 
Mucho se cuestionó al país carioca por su política (2003/2005), pero la evidencia habla por sí sola. Brasil logró restaurar la confianza, el ciclo positivo de negocios y últimamente superó al Reino Unido como sexta economía global.
 
 
Después hay otros ajustes que pecan de insuficientes y reeditan la desconfianza del mercado y generan una crisis fiscal mayor. Pero también hay otros que pecan de excesivos y perjudican al ciclo económico de manera directa. Estos también suelen generar crisis de confianza y fiscal. La Eurozona se parece mucho a esta situación.
 
 
En general, entre la memoria de ajustes fiscales que no surtieron efecto, figuran la Argentina 2001 y Rusia 98. En ambos casos existieron fallas en la comunicación, letargo, poca o nula decisión dependiendo el caso. La consecuencia fue que desconfianza se potenció, el ciclo recesivo se espiralizó  y la crisis fiscal se plasmó en cesación de pagos.
 
 
Actualmente las economías avanzadas enfrentan una reducción fiscal promedio de 2% del PBI y la comunicación tampoco es la mejor. En el caso de los Estados Unidos, sobre la base de las políticas actuales, el déficit disminuiría alrededor de 2 % del PBI solamente durante este año, constituyendo el mayor ajuste fiscal en 4 décadas. Así y todo, el déficit sería superior al 7% y tardaría no menos de 6 años en llegar al 1% del PBI según proyecciones oficiales, si los recursos crecieran 75% y los gastos solo 18%
 
 
El caso Europeo es más complicado, el ajuste agregado puede alcanzar 3 puntos  del producto, con el agravante que las restricciones monetarias que el Euro impone de por sí, en un marco económicamente recesivo y con niveles de desempleo alarmantes. A pesar de este fuerte ajuste, los países periféricos mantendrán un déficit promedio superior a los 8 puntos del producto. Ni hablar de la monstruosa deuda acumulada, la cual supera cualquier ratio de confiabilidad económica y de ahí todos los recortes de calificación que vienen sufriendo y que sufrirán.
 
 
Los planes de austeridad buscan calmar a los mercados, pero el comportamiento de los mismos es bastante más complejo. Por un lado, los inversores sienten temor por déficits y deuda excesivamente altos, pero también se asustan cuando el ciclo económico es negativo, dado que saben que eso ocasionará disminución de la recaudación, deterioro fiscal y nuevo espiral de ajuste futuro.
 
 
Los ajustes fiscales excesivos ponen en riesgo la recuperación económica de largo plazo. Cuando los países endurecen demasiado su política fiscal y la economía se desacelera, algunos de los beneficios logrados por el fortalecimiento de fundamentos se perderán debido al menor ritmo de crecimiento, obligando a nuevos ajustes. Sabemos en la ciencia económica que los ciclos viciosos son difíciles de desmantelar.
 
 
Como solucionar los problemas fiscales en los actuales niveles es bastante complejo, tal vez podemos empezar a buscar alguna manera de prevenirlos. Una conducta fiscal ordenada a lo largo del tiempo puede contribuir a tal efecto. La volatilidad en la política fiscal parece no dar resultado, mientras que la previsibilidad fiscal ha dado grandes logros a quienes la han implementado. El último acuerdo fiscal europeo parece buscar ese objetivo, estableciendo un endeudamiento del 0,5 del PBI.  Algo difícil de imaginar en las actuales condiciones. Posiblemente a estos manifiestos se deba agregar que los Ministros de Economías y Finanzas sean personas más independientes del poder político de turno, lo máximo posible, semejantes a los Presidentes de algunos Bancos Centrales. La mayor autarquía en economía, amparada por una carta orgánica al respecto, contribuirá al establecimiento de límites concretos a las aventuras del sector político y así será posible obtener mayores márgenes de solvencia intertemporal. De esta forma, evitaremos una política fiscal volátil y ajustes improductivos que tanto daño le hacen a las sociedades. También habrá que modificar las mediciones respecto de la evolución de una sociedad, dado que ha quedado de manifiesto que el PBI no es la mejor medida o por lo menos es muy incompleta.

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