Brasil tendrá su tren bala en el 2018
24.08.12

El proyecto, que tendrá un costo de 16.500 millones de dólares, unirá las ciudades de Río de Janeiro con San Pablo; la licitación comienza el próximo 29 de mayo

Gentileza Archivo

BRASILIA.- El Gobierno brasileño se ha trazado la meta de que el primer tren de alta velocidad del país, que unirá las ciudades de Río de Janeiro y San Pablo, comience a funcionar en 2018 o, como máximo en 2020, informó hoy una fuente oficial.
 
 
El proyecto, que tendrá un costo de 33.000 millones de reales (16.500 millones de dólares), ha sido dividido en dos etapas y la primera será licitada el próximo 29 de mayo, ratificó el presidente de la Empresa de Planificación y Logística (EPL, estatal), Bernardo Figueiredo, en una rueda de prensa con corresponsales extranjeros.
 
 
En esa primera fase saldrá a concurso la construcción de los trenes y la operación del sistema, que será concedida durante un plazo inicial de 30 años, y posteriormente, a inicios de 2014, se licitará toda la construcción de la infraestructura, que supone los tendidos ferroviarios y las estaciones, entre otras obras.
 
 
Esa segunda etapa se dividirá en por lo menos diez trechos a fin de "acelerar las obras", que se pretende tener concluidas y en operaciones para el 2018, "aunque se dará plazo hasta 2020", indicó.
 
 
Figueiredo confirmó que el 60 % de la inversión prevista será financiada por el estatal Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que para evitar el riesgo de variaciones cambiarias dará su apoyo crediticio en reales y con tasas de interés preferenciales.
 
 
El presidente de EPL, una estatal creada para el desarrollo de grandes obras de infraestructura, señaló que Brasil desea "el máximo de empresas extranjeras" posible en el proyecto del tren de alta velocidad y que se cuenta con el interés de empresas de Alemania, Francia, España, Corea del Norte y Japón, que son los países "con la mayor y mejor experiencia en alta velocidad en el mundo" en los aspectos tecnológicos y de gestión.
 
 
Figueiredo aseguró que el Gobierno ha "eliminado" riesgos que, en tres ocasiones durante los últimos tres años, llevaron a declarar desiertas sendas subastas para la concesión de las obras Entre los factores que hicieron dudar a los inversores señaló el "riesgo de demanda", que para muchas empresas no estaba garantizada.
 

 
Para minimizar ese factor, el Gobierno se comprometerá ahora a que el operador del tren sólo comenzará a pagar una vez que el sistema sea rentable, con lo cual asumirá por completo ese riesgo y hará el proyecto más atractivo para el sector privado, dijo.
 
 
Ese plazo de rentabilidad, según cálculos de la EPL, no pasará de diez años, aunque se prevé que por la población que será beneficiada directamente con las obras será "mucho menor", indicó. Según las previsiones del Gobierno, el que sería el primer tren de alta velocidad de América Latina transportará a unos 33 millones de personas en su primer año de operaciones y llegará a 100 millones para 2030.
 
 
San Pablo y su periferia tienen hoy alrededor de 20 millones de habitantes, una población similar a la que sería atendida en Río de Janeiro, por lo que la rentabilidad del tren "está asegurada", dijo Figueiredo.
 
 
El presidente de EPL rebatió las críticas que muchos sectores del país hacen al proyecto por su precio y porque no lo consideran una prioridad, cuando el país tiene serias deficiencias en las áreas de transporte urbano. "Ese es un debate político", pero desde el aspecto técnico el proyecto es "fundamental", sostuvo.
 
 
Argumentó que el eje Río de Janeiro-Sao Paulo necesitará "en un futuro cercano" una "intervención en el área de transporte", para atender la demanda creciente entre las dos ciudades más pobladas del país. "Si tenemos que invertir, debemos hacerlo con la tecnología más moderna y no con la del siglo pasado", explicó.
 
 
El tendido ferroviario tendrá un total de 510 kilómetros entre Río de Janeiro y San Pablo, de donde saldrá un segundo tramo de 97 kilómetros hasta la vecina Campinas. El proyecto es considerado complejo, pues implicará construir 90,9 kilómetros de túneles y otros 107,8 kilómetros de puentes y viaductos para salvar ríos y desniveles de relieve que presentan dos sierras que separan a San Pablo de Río de Janeiro.
 
 
Agencias EFE y AFP.

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