
Cuando se va tras la pista de la desnutrición en comunidades indígenas en el noroeste de la Argentina, lo que más impacta es la mirada de desesperanza que se observa en muchos de los habitantes.
Y es que en esta zona norte de la provincia de Salta, cerca de Bolivia, la pobreza no se puede disimular.
En lo que va de año al menos 10 niños han muerto en esta región por problemas directos o indirectos de desnutrición, el doble de todo el 2010.
El problema afecta principalmente a la comunidad Wichi, de unas 30.000 personas, distribuidas a lo largo de unas 200 pequeñas aldeas o caseríos en la provincia.
Las de los Wichi son viviendas endebles, sin paredes, cubiertas con sábanas, situadas en medio de barriales.
Las autoridades, médicos y organizaciones no gubernamentales dicen que hay varias causas que explican las muertes de los niños. Pero todos coinciden en el propio argumento del Wichi: los bosques de donde obtenían sus alimentos fueron aplanados por la agricultura.
Lo irónico es que fueron estos mismos campos de cultivos los que en el último lustro convirtieron a la Argentina en uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo y que impulsaron el crecimiento de 9,5% del PIB que tuvo el país el año pasado.























































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